MANIFIESTOS PEDAGÓGICOS

Hace tiempo que no doy un taller para personas que recién se acercan al clown. Previendo una posibilidad para el mes de diciembre me salió escribir esto:


Tocar el clown es acercarse al juego escénico. Y jugar es un acto que nos lleva de inmediato al placer y por esta vía al estado creativo que tanto bien le hace al cuerpo y al espíritu.
La nariz roja es una máscara, se dice que la más pequeña del mundo. Y como tal invita a la persona a dejar de lado su personalidad y abrirse a un estado de humanidad más grande, en conexión con sus impulsos, sin juicios ni peajes intelectuales. Se trata de una máscara imbuída y guiada por un especie de dios benévolo, que funda sus principios en un gusto esencial por la comunicación. Para habitarla se prepara el cuerpo y luego solo hay que jugar.

Parece magia pero está muy a mano. Hay que acercarse instintivamente a eso de lo que un adulto está normalmente bastante alejado: lo que le da la gana. Vale aquello de que “menos es más”, más propio, más uno mismo, y por lo tanto más cerca de la verdadera gracia. Más lejos de hacerse el gracioso. Más cerca de serlo, por simpleza. Puede uno acercarse a este universo y encontrarse con un clown austero, o muy recargado, apocado, o de gran despliegue. Lo que seguro no va a poder ser es solemne. Este trabajo deja afuera a quienes se aferran a la solemnidad, lo mismo que propicia el desarme de los estereotipos, cualesquiera que sean. Invita en cambio a jugar con cualquier cosa que uno encuentre, a reírse de lo propio y de lo que despliegan los otros, y desde este punto de vista resulta sumamente sanador. Hay que solamente tener ganas de jugar un poco (o mucho) al teatro, un gesto que el ser humano viene haciendo prácticamente desde que apareció en la tierra, por necesidad de acercamiento, la imitación, la posibilidad de ser otro para conocerlo mejor.

En el encuentro con el propio clown jugamos a ser más nosotros mismos. Y eso resulta muy sorprendente, primero que nada para nosotros mismos.

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Cómo hacemos para poder continuar con lo que se abrió... para no calmarnos, para habilitar y no ceder este punto salvaje que nos mejora el funcionamiento de los sentidos. 
Cómo hacemos para no juzgar, o sea para no querer calmar a otros.
Por extraño que parezca, esta zona conoce muy bien la medida justa de las cosas, las proporciones y el sentido armónico. Es capaz de observar finamente y proponer repartijas para que el momento se equilibre. Esto se llama un clown.

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(detrás de la incoherencia mora el sentido)

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“Necesitamos construir un clown que hable al presente, que no sea solo una colección de sketches, sino un arquetipo que revele la esencia de la actuación. Este es un clown que nos brinda un amplio sentido de lo divino en cada uno de nosotros, que celebra nuestra humanidad, nuestro salvajismo y los momentos en que podemos tocar a cada uno en un momento risa”. Sue Morrison

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